
Memoria fílmica mexicana 1984-1985 es una obra colectiva que antecede la labor épica cinematográfica de esos años. En ese año se produjeron al menos 100 largometrajes, sin embargo, la calidad decreció terriblemente por películas marcadas por sexicomedias, de ficheras, temas fronterizos y migrantes.
Cabe recordar que los 80 fue una década terrible para el país, había crisis política y económica, eso tuvo efecto en todos los sectores del país y el cine no fue la excepción.
Este libro marca la continuación del trabajo documental del cine sonoro que desarrolló Emilio García Riera, Historia documental del cine mexicano (1992), y que habla de las películas de los años 80 en México, que son consideradas como una época negra.
Ernesto Diezmartínez Guzmán, Erick Estrada, Hugo Lara Chávez, Cecilia Pérez Grovas, Fernando Solórzano, Eduardo de la Vega Alfaro y Rosario Vidal Bonifaz fueron los que emprendieron la investigación cinematográfica para esta recapitulación del cine hecho en México entre los años 1983 y 1985.
“Analizar esas películas nos sirve mucho para entender los vicios que aún existen en el cine mexicano. A partir de esta etapa se entiende por qué el público le tiene miedo al cine mexicano, por qué existe tanta resistencia a consumir lo hecho en México”, dijo la guionista Cecilia Pérez Grovas.
Y agregó: “Esta época muestra ese entorno de crisis. Son películas muy cuestionables a partir del tratamiento de la visión de género, es un cine que trata de las aventuras sexuales de verduleros, plomeros, mecánicos, albañiles... y le dan un enfoque a las mujeres como objetos sexuales”.
Detalló que muchos de los problemas sociales como la homofobia y la misoginia están presentes en estas películas.
Es también, desde luego el periodo, donde surge el cine apologético del narco como fueron las famosas películas de Lola, la trailera o la secuela de los hermanos Almada, por mencionar algunas.
Además existieron obras valiosas como De veras me atrapaste, escrita y dirigida por Gerardo Pardo o Frida, naturaleza viva, de Paul Leduc que fue rodada en 1983, y Erick Estrada hace mención en el libro que esta cinta se pudo estrenar tres años después.
En el ejemplar mencionan a directores como Alfonso Cuarón, González Iñárritu y Guillermo del Toro, quienes comenzaban sus “pininos” en la industria cinematográfica. Por su parte, Rosario Vidal Bonifaz indicó que en el libro Memoria fílmica mexicana 1984-1985 habrá datos reveladores para el lector. Citó como ejemplo que en 1983 se filmaron 102 largos, un año después solamente fueron 60.
“En 1983 se filmaron 102 largos, fueron 21 del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica (STPC), y 57 del Sindicato de los Trabajadores de la Industria Cinematográfica (STIC), lo que implica que por sexta ocasión se produjeron más filmes en los ya desaparecidos Estudios América que en los Estudios Churubusco”, dijo.
“Sólo dos mujeres dirigieron películas: el debut de Isela Vega con Los amantes del señor de la noche, y la ópera prima del CCC, Coyoacán, de Claudia Magli (…) En Lola, la trailera, de Raúl Fernández, la fotografía la hizo Laura Ferlo. No hay olvidar que fue un éxito de taquilla”, agregó.
“Destacan en el periodo de análisis cintas como Nocaut, de 1982-1983, de José Luis García Graz, prueba de que se podía hacer un gran thriller en nuestro cine; de la controvertida Doña Herlinda y su hijo, de Jaime Humberto Hermosillo, en donde aparece actuando un jovencísimo Guillermo del Toro, y cuya madre, Guadalupe del Toro es, precisamente, doña Herlinda”, dijo Ernesto Velázquez Briseño, director de Canal 22 y la Fonoteca Nacional.
Otro dato sorprendente para la actualidad es que una de las películas más taquilleras fue Lola, la trailera de Raúl Fernández, donde actuó la célebre Rosa Gloria Chagoyán.
El libro Memoria fílmica mexicana 1984-1985 fue realizado bajo la coordinación general de Leonardo García Tsao y en la parte editorial por Eduardo de la Vega: “Es una labor como la planteó Emilio (García Riera): crear el mapa del cine mexicano”, afirmó García Tsao.
“Leer el libro es asomarse a un abismo del cine mexicano. Estoy convencido que fue la peor década del cine mexicano. Realmente se hacían muy pocas cintas buenas. Las malas condiciones político-sociales y económicas no favorecían al buen cine y la iniciativa privada, cada vez más deteriorada, más en declive, descubrió que podía crear películas con un mínimo de inversión con la repetición de fórmulas gastadas, albures viejos y desnudos cansados, en fin; pero hay que documentar, finalmente es la historia de nuestro cine, y hay que tener en alto esos cineastas que contra viento y marea rodaban largometrajes meritorios y que mantuvieron vivo el espíritu del buen cine mexicano”, concluyó García Tsao.
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