
Segunda y última parte
Como lo expresé la semana pasada en la primera parte de esta colaboración, no podría afirmar que la actividad publicitaria en México se encuentra atravesando por un proceso de crisis, ahora provocado por la pandemia de Covid-19. Y esto lo afirmo porque, si bien el coronavirus ha venido a afectar a los sectores productivos nacionales y mundiales, es cierto también que los profesionales de la comunicación comercial y mercadotécnica tienen décadas de experimentar un estancamiento e incluso decrecimiento de esta noble actividad.
Destaco que, año con año, se incorporan 30 mil nuevos egresados de carreras afines, lo que trae consigo una demanda inmensamente mayor a la capacidad que se tiene de oferta para poder colocar a estos nuevos ejecutivos a los que les estamos entregando un desastre profesional.
La materia publicitaria es el motor principal de la acción de intercambio comercial entre productos, servicios (marcas) y consumidores. Esto, a su vez, es el promotor del desarrollo empresarial. Obvio decir, si no hay ventas, no hay empresas, así de fácil.
En materia publicitaria se involucra de manera primordial a medios de comunicación, prensa, radio, televisión, espectaculares, vallas, impresos en sistemas colectivos de transporte, internet, y cuanto usted se imagine.
En consecuencia, estamos hablando de una fuente de empleos de millones de personas y familias que dependen de este sector primario, que involucra a agencias publicitarias, centrales de medios, boutiques creativas, empresas de investigación, productos promocionales, medios de comunicación, productoras, empresas de marketing y empresas con infinidad de marcas, sólo por mencionar a algunos de los sectores o giros de negocio que viven, o más bien sobreviven, de la publicidad.
Y sí, gracias a la publicidad, SÍ, gracias a ella, conocemos de grandes marcas y empresas, qué decir de la política que derrocha en cada proceso electoral carretadas de millones y de favores a los medios para después desconocer a la materia y a quienes se sumaron para que personajes en específico llegaran a puestos de elección. Cierto, la publicidad no hace que gane un candidato, pero es calumnia no reconocer su importancia.
Y como lo aseguré la semana pasada. ¿A qué se debe esta decadencia en tan vital actividad? Sencillo, entre diversas razones, la más importante es la falta de verdaderos líderes capaces de visionar y defender a los intereses del sector evidenciando su importancia como promotor del desarrollo de los negocios y la economía.
Décadas atrás se desarrolló otro virus, el de las Asociaciones de todo y por todo; la AMAP, Asociación Mexicana de Agencias de Publicidad, que después de casi 70 años de actividades se transformó y cambió de nombre a AVE, Alianza por el Valor Estratégico de las Marcas; la ANP, Asociación Nacional de la Publicidad; Consejo de la Comunicación, antes Consejo Nacional de la Publicidad; CICOM, Consejo de la Industria de la Comunicación Mercadotécnica y diversas asociaciones más, destacando del sector internet, de Centrales de Medios, la de Radiodifusores, la de Publicidad Exterior y más que en épocas de abundancia sirvieron para hacer eventos majestuosos sólo para autoadornar a personajes del momento y sus empresas, sin que quiera con ello cortar con la misma tijera a todos los profesionales que desfilaron por las mismas, ya que sin duda ha habido quienes contribuyeron a su engrandecimiento, pero una vez retirados se llevaron consigo la inspiración y creatividad para mantener a este sector.
Hoy, insisto, las empresas involucradas en esta vital arteria del desarrollo carecemos de liderazgo y de perfiles desinteresados en levantar la voz frente al Estado, para atender y defender a un sector primordial del motor económico nacional fuertemente golpeado por las actuales iniciativas que no abonan a respetar y entender la importancia de la publicidad como eje del crecimiento.
Las actuales asociaciones no son más que figuras decorativas, obsoletas en su formato. Es momento de levantar la voz y de luchar por esta noble actividad que mueve a millones de empleos, que soporta a grandes marcas y empresas, que fomenta el desarrollo profesional y creativo, y que es, y será por siempre, la intermediaria del desarrollo en cualquier sector e industria.
Es momento de unión, sí, entre todas las empresas que movemos a este motor para engrasar y aceitar bien a nuestra maquinaria. Las marcas, las empresas, los políticos, los medios, las agencias, las centrales y todas aquellos proveedores de esta materia necesitamos unos de otros, y la caída de uno será la inevitable caída de todos.
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