Opinión

Liberalismo y Marxismo en Fidel Castro

José Fernández Santillán, el hombre que transformó la educación en México
José Fernández Santillán, el hombre que transformó la educación en México José Fernández Santillán, el hombre que transformó la educación en México (La Crónica de Hoy)

“Cuba está sufriendo un cruel e ignominioso despotismo, y vosotros no ignoráis que la resistencia frente al despotismo es legítima; éste es el principio universalmente reconocido y nuestra Constitución de 1940 lo consagró expresamente en el párrafo segundo del artículo 40: ‘Es legítima la resistencia adecuada para la protección de los derechos individuales garantizados anteriormente’. Más, aun cuando no lo hubiese consagrado nuestra ley fundamental, es supuesto sin el cual no puede concebirse la existencia de una colectividad democrática.” Éste es un fragmento del alegato presentado en su defensa por Fidel Castro el 16 de octubre de 1953 por los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel Céspedes, en Santiago de Cuba y Bayamo, respectivamente, sucedidos el 26 de julio de ese mismo año.

Este alegato es conocido como “La historia me absolverá”. En él se presenta una nutrida argumentación en contra del régimen instaurado por Fulgencio Batista, mediante un golpe de Estado el 10 de marzo de 1952. Este militar abolió la Constitución de 1940, suspendió las libertades políticas y reprimió brutalmente a la oposición al tiempo que favoreció a los terratenientes; extendió las redes de corrupción y los negocios de la prostitución, el alcohol y las drogas.

Castro dijo ante los magistrados que su propósito era restablecer el orden constitucional alterado por la usurpación de Batista. Muestra tener un amplio conocimiento de los clásicos del pensamiento liberal del que brotó, precisamente, el derecho de resistencia: “En su libro El espíritu de las leyes, que sirvió de fundamento a la moderna división de poderes, Montesquieu distingue por su naturaleza tres tipos de gobierno: ‘el Republicano, en que el pueblo entero o una parte del pueblo tiene el poder soberano; el Monárquico, en que uno solo gobierna pero con arreglo a Leyes fijas y determinadas; y el Despótico, en que uno solo, sin leyes y sin reglas, lo hace todo sin más que su voluntad y su capricho”.

“El derecho de rebelión contra el despotismo, señores magistrados, ha sido reconocido, desde la más lejana antigüedad hasta el presente, por hombres de todas las doctrinas, de todas las ideas y todas las creencias”. Y cita a autores de la Edad Media como Juan de Salisbury quien en su libro de Hombres de Estado dice que cuando un príncipe no gobierna con arreglo a derecho y degenera en tirano, es lícita y hasta justificada su deposición violenta. Menciona a Santo Tomás de Aquino el cual en la Summa Theologica sostuvo que los tiranos debían ser depuestos por el pueblo.

Hace referencia al escritor francés Francisco Hotman quien afirmó que entre el gobernante y los súbditos hay un pacto “y que el pueblo puede alzarse en rebelión frente a la tiranía de los gobiernos cuando éstos violan aquel pacto”.

En el elenco, no falta el libro que es considerado como la Biblia del derecho de resistencia, Vindiciae Contra Tyrannos, firmado bajo un seudónimo, Stephanus Junius Brutus, en el que se proclama la resistencia a los gobiernos cuando éstos oprimen al pueblo.

Fidel Castro fue condenado a quince años de cárcel, pero fue indultado gracias a la presión social en su favor. Se exilió en México. Aquí conoció al Che Guevara y, en Tuxtepec, Veracruz, se embarcó en el Granma, el 25 de noviembre de 1956, para iniciar la lucha revolucionaria que derrocaría a Batista el 1 de enero de 1959. Esos fueron los años de la transición de su pensamiento político, es decir, del liberalismo al marxismo.

En el marxismo no hay espacio para la disidencia ni la tolerancia frente al oponente. Se trata de un sistema de pensamiento dilemático: o estás conmigo o estás contra mí. Las fuerzas que mueven a la historia son contradictorias y, en consecuencia, siempre en choque; no hay punto de conciliación. La lucha de clases sólo puede resolverse con el triunfo de una de ellas sobre la otra. Como lo dijo Carlos Marx en repetidas ocasiones, en esta etapa de la evolución de la humanidad, la misión del proletariado es derrotar a la burguesía y, a nivel internacional, al imperialismo.

Por eso, cuando Fidel proclamó que la revolución cubana sería una revolución socialista ya no hubo cabida para aquella doctrina liberal que alguna vez abrazó. Ahora se trataba de hacer tabla rasa con los enemigos de clase, la propiedad privada y la disidencia. En el plano internacional había que echarse en brazos de la Unión Soviética y ubicar como enemigo irreconciliable al “imperialismo yanqui”, encarnación de todos los males y pretexto para perpetuarse en el poder e instaurar un régimen despótico en Cuba.

Ahora que ha muerto es preciso hacer un recuento de su paso por la vida. Y en esto no se puede olvidar que conoció bien y a fondo el derecho de resistencia contra la tiranía.

Los regímenes marxistas están en extinción entre otras razones porque hicieron a menos de los derechos individuales y políticas los cuales, como el propio Castro reconoció, son inherentes a las personas y a los pueblos.

Algún día Cuba resolverá el despotismo mediante el derecho de resistencia.

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